La batalla de los cubiertos

Utilizando nuestras habilidades no lográbamos cortar un pedazo de carne, estaba dura y grasosa. Como consuelo tomábamos vaso tras vaso de refresco y decíamos que al menos nos llenaríamos de gases.
No hablábamos, solo mirábamos el plato de comida. Algunos fuimos desafiantes y soltamos los cubiertos y comenzamos a cortar la carne con las manos. ¡Otra forma inútil!
Se podía ver el rostro triunfante de cada uno cuando lograba llevarse a la boca un pedacito de carne; muy diferente cuando trataban de saciar el apetito con una mezcla de carbohidratos: arroz y pan.
Con la cabeza cabizbaja y el estómago exigiéndonos más comida nos retiramos del comedor. La carne nos había vencido, los cubiertos no lograron ganar su batalla y reposan en el fondo de un recipiente, derrotados y abatidos.
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